El desarrollo tecnológico y el acceso a plataformas B2B cambiaron las reglas del comercio exterior en Chile. Hoy, más del 50% de las cotizaciones de fletes provienen de aquellas personas naturales que buscan importar mercaderías para abastecer un emprendimiento. Sin embargo, ejecutivos del sector y agentes de aduana advierten que el verdadero desafío no está en cotizar un producto en China, sino en gestionar la cadena logística local.
El comercio internacional chileno experimenta un cambio estructural en su perfil de usuarios. Lo que durante décadas fue un terreno exclusivo de grandes conglomerados y cadenas de retail con capacidad para contratar contenedores completos, hoy se ha abierto masivamente a pequeños comerciantes, emprendimientos jóvenes y personas naturales. Como parte del resultado, en 2025, Chile importó US$ 92 mil millones en mercancías.
La irrupción de plataformas digitales en origen y la consolidación de servicios logísticos por metro cúbico han reducido barreras, permitiendo que compras de menor escala lleguen a la Región de Valparaíso.
Las ventas B2B (Business-to-Business) ocurren cuando una empresa vende sus productos, software o servicios a otra empresa en lugar de a un consumidor final, un fenómeno que responde a una transformación directa en el acceso a la información. Daniel Guiloff Dueñas, gerente comercial de Security Express Service, firma especializada en cargas y soluciones puerta a puerta, asegura que “en el pasado las pymes también importaban. Hoy más bien hablaría de la mejora brutal en el acceso a la información y el desarrollo de plataformas tecnológicas que hacen que sea más accesible y, por lo tanto, hay un riesgo menor de intentarlo”.
Esta masificación la observan cotidianamente los operadores logísticos. Desde la firma de freight forwarder Komex, la jefa de Ventas Maite Espinoza confirma que la pequeña escala pasó a ser la norma: “Nuestro cliente objetivo es el emprendedor y los números lo confirman: más de la mitad de quienes nos cotizan (57%) son personas naturales, sin empresa constituida. Y de las empresas que tenemos en cartera, el 98% son sociedades jóvenes, pymes formalizadas en los últimos años. La gran corporación es la excepción, no la regla”.
LA CARGA CONSOLIDADA
El motor logístico de este modelo es la carga consolidada (LCL, por sus siglas en inglés), formato que reúne mercadería de múltiples importadores en un solo contenedor. Bajo esta modalidad, los pequeños comerciantes no requieren miles de dólares para financiar una unidad completa de 20 o 40 pies.
Para entrar al mercado local, detalla Espinoza, hace falta US$ 255 por metro cúbico, “todo incluido, y cuando la carga es menor a 5 metros cúbicos, se suma un cargo base por única vez. El presupuesto más repetido entre emprendedores es justamente ese primer escalón: US$ 355 de flete por 1 metro cúbico o menos”.
Lo más conveniente para quienes importan a pequeña escala, recomienda Espinoza, es un mínimo de 1 metro cúbico, incluso cuando se ocupe menos espacio. “Muchas veces conviene incluso trayendo menos: tenemos clientes, pequeñas empresas, que traen 0,6 metros cúbicos y pagan como 1 y aun así les conviene por lejos frente a cualquier alternativa”.
Este esquema no solo reduce el costo de transporte, sino que busca simplificar los trámites de internación mediante servicios agrupados. “Llenamos un contenedor con la carga de muchos emprendedores en Ningbo, negociamos el agente de aduana para todos, desconsolidamos en bodega propia y entregamos en Santiago. Todo dentro del mismo valor, porque está negociado al por mayor. El único gasto extra que el cliente debe considerar es el IVA en aduana cuando llega la carga”, explica Espinoza.
Los rubros más requeridos por las pymes son vestuario y repuestos. A nivel global, las importaciones de bienes de consumo superaron los US$ 2.253 millones en diciembre de 2025, mientras que las importaciones de bienes durables llegaron a US$ 735 millones ese mismo mes, de acuerdo con las series del Banco Central.
EL “CLIC FÁCIL” Y EL CHOQUE ADUANERO
A pesar de la fluidez que prometen los portales asiáticos de venta B2B, la llegada de la mercancía a los puertos de Valparaíso o San Antonio abre una etapa técnica donde suelen surgir costos no contemplados por falta de planificación.
Patricio Zulueta Govoni, presidente de la Asociación Nacional de Agentes de Aduana (Anagena), valora la apertura del mercado, pero enfatiza en lo siguiente: “Es una evolución positiva, porque democratiza el acceso al comercio exterior. Sin embargo, comprar internacionalmente es solo una parte del proceso. Importar implica cumplir exigencias aduaneras, tributarias y, dependiendo del producto, sanitarias o sectoriales. Por eso, es fundamental contar con orientación adecuada desde el inicio”.
Zulueta comenta que el principal problema de los importadores novatos radica en el desconocimiento de la normativa nacional: “El principal problema es que muchas veces desconocen que la llegada de la mercancía a Chile inicia un proceso formal de importación. Aparecen exigencias documentales, clasificación arancelaria, valoración, impuestos, permisos y eventuales fiscalizaciones. Cuando estos aspectos no fueron considerados previamente, pueden generarse demoras y costos adicionales”.
Sobre los errores más frecuentes que comete el segmento de menor tamaño, desde el gremio precisan que son “no verificar antes de comprar, si el producto puede ser importado y si requiere permisos, certificados o autorizaciones especiales. En algunos casos, existen productos cuya importación está prohibida o que están sujetos a restricciones específicas. Luego, subestimar los costos totales de internación, considerando flete, impuestos, gastos portuarios y otros cobros asociados. Y, además, no revisar correctamente la documentación y la descripción de las mercancías”.
Quien importa en Chile debe contemplar un arancel del 6% sobre el valor CIF (costo, seguro y flete), un IVA del 19% sobre el valor CIF y, cuando éste supera los US$ 3.000, es obligatorio contar con un agente de aduanas para tramitar la internación al país.
Daniel Guiloff coincide en que la falta de asesoría integral es la causa principal de las pérdidas económicas en las primeras operaciones: “Los problemas vienen cuando un nuevo importador decide lanzarse solo sin haber pedido ayuda a expertos para el proceso”.
PLANIFICACIÓN COMO FACTOR DE SUPERVIVENCIA
Los tres especialistas coinciden en que la viabilidad de la importación para una pyme depende de realizar los cálculos de costos y la revisión documental de forma previa al pago a los proveedores extranjeros.
Espinoza ejemplifica el cálculo que debe realizar el emprendedor: “La fórmula es simple: valor FOB (a bordo del buque) de la mercadería más los metros cúbicos multiplicados por USD 255, más un cargo único de USD 100 si la carga es menor a 5 metros cúbicos”. A este valor hay que sumarle el IVA del 19% para obtener el precio final.
En esa misma línea, Patricio Zulueta desde Anagena concluye con una recomendación a la planificación temprana: “Recomendamos no esperar a que la carga llegue al puerto (…). Una importación bien planificada permite reducir riesgos, evitar multas y otras contingencias, controlar costos y cumplir correctamente con la normativa chilena”.
Guiloff considera esto una inversión, más que un gasto.
Matías Bearwald, fundador de Greenwish Cargo y especialista global logistics, explica que “en este negocio, la anticipación vale mucho. No se trata solamente de mover un contenedor de un país a otro. Hay que entender la planificación comercial del cliente y construir la operación en función de eso. Finalmente, la logística tiene que llegar antes que la necesidad”.
“Importar implica cumplir exigencias aduaneras, tributarias y, dependiendo del producto, sanitarias o sectoriales. Por eso es fundamental contar con orientación”.
Fuente: Puertos y Logística, domingo 30 de agosto, El Mercurio de Valparaíso